JINDŘICH FRANTIŠEK BOBLIG DE EDELSTADT: Breves consideraciones sobre un inquisidor imperial


La extensión máxima de la persecución de las brujas (una verdadera masacre contra la población civil) se alcanza después de la Guerra de los Treinta Años en los siglos XVI y XVII, y afectó principalmente a los estados que actualmente abarcan los territorios de Alemania, Escocia y Francia. En principio, los países checos se libraron de esta caza. Pero en la segunda mitad del siglo XVII la ola de persecuciones golpeó fuerte en algunas ciudades de Silesia y en el principado de Nis, que pertenecían a los obispos de Wroclaw.

La primera víctima fue la mendiga Schuchová, capturada en 1678 en Sobotín en la iglesia como una oblea escondida en el libro de oraciones. Entonces se sospechó que con ella quería practicar la brujería. Fue encarcelada en un castillo en Velké Losiny, perteneciente a la municipalidad de Sumperk.

Entonces, para la preparación del proceso por brujería contra esta mujer, la aristócrata local Adama Křížová confió la gestión del proceso al encargado de la bodega del castillo del gobernador de Olomouc, nombrándole abogado. Él era Heinrich Franz Boblig de Edelstadt, quien demostró ser un juez inquisitorial rapaz y cruel, muy eficaz en su quehacer como torturador.

H. F. Boblig era el hijo de un ciudadano principal, el alcalde de la ciudad Cukmantl (ahora Zlaté Hory, muy cerca de la frontera polaca y punto próximo a Jeseník). Con una más que probable participación en procesos anteriores en Silesia, el en principado de Nis, H. F. Boblig pudo disfrutar de una parte sustancial de los activos del contado que le proporcionaron una cómoda carrera como juez asociado al tribunal inquisitorial, al ser un protegido del obispo de Olomouc, también príncipe de Lichtenstein.

Este oscuro personaje, de negra fama por la ser la cabeza en la caza de brujas en la región de Moravia del Norte, fue un asesino en serie que, como ya hemos relatado con anterioridad, mantuvo durante años su reinado de terror grazas a sus apoyos institucionales. Ordenó torturar física y psíquicamente, robar propiedades y finalmente quemar vivas a cientos de personas inocentes -en especial, mujeres. Pero en su bestialidad brutal fue incluso más allá, al conseguir eliminar a personajes religiosos tan célebres y respetados como el vicario Alois Lautner, muriendo en la placidez que da la rapiña del constante botín de «guerra».

*Empleamos esta expresión, ya que la consideramos apropiada para definir una situación en la que los victoriosos católicos de la Guerra de los Treinta Años, capitaneados por el emperador Leopoldo I, intentaron «normalizar» a la población checa, cual territorio conquistado, auque ya hubiesen pertenecido los reinos checos con anterioridad a la corona imperial.

** Es tal la ingnominia de tal personaje histórico y de las instituciones que lo apoyaron en su momento, que el proceso de rehabilitación iniciado por el obispo de Olomouc en 1998 y que desembocó en una comisión de investigación (año 2000) que demostró sin sorpresa la inocencia del vicario Lautner y pidió perdón por este juicio farsa; digo, que el proceso de rehabilitación pública no ha terminado todavía. Sirvan estas líneas para recordar a todas aquellas víctimas de la barbarie.

Mohelnice_-_Lautner_memorialMemorial en el lugar de Mohelnice, donde fue ajusticiado Alois Lautner.

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